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viernes, 23 de mayo de 2014

Oraciones fúnebres ante el féretro

Apuntes
sobre
La vida compartida 





Escribe:
Alvarez Castillo


La obra se inicia con los cinco actores en escena, sumidos en una sugestiva escenografía, y una rápida referencia a Sartre, a obras como “Las manos sucias”, que buscan crear cierto clima de intelectualidad emparentado al accionar revolucionario. Pero tempranamente se percibe lo que será una característica del espectáculo: una excesiva lentitud, que no despeja la previsibilidad en el desarrollo de las acciones.


La sala ofrece dos gradas ubicadas en ángulo recto, que permiten una excelente visión a los espectadores. Además, para esta obra, se utiliza una entrada lateral, de garaje, para el ingreso de un automóvil a metros de las de los espectadores, desde el que se traslada el féretro. Éste y otros efectos, como sonidos externos que provienen, por ejemplo, de un baño, hacen crecer el escenario a los márgenes del mismo escenario.


El grito, la exaltación, a la que acuden los actores, en especial, en la sucesión de oraciones fúnebres, en homenaje al líder muerto, son un trago largo de beber. Esos largos monólogos lentifican aún más la acción dramática. Y, más allá de la corrección literaria, el texto que parodia el panfleto político, arrasa con el diálogo entre los personajes. Expresan ideología, uno tras otro, pero no hay conexión entre ellos. Se tiene la impresión de que se puede sacar a uno u otro, sin que varíe la pieza, en esa ronda de lamentos juveniles. Y esto no es responsabilidad del director, ni de los actores en sí, no se aprecia qué más se puede hacer, ante una suma de discursos de esas características. Lo hagiográfico se lleva puesto la pasión revolucionaria, el móvil ideológico.
En el líder político se dibuja la imagen de un Mesías, y la sospecha que puede instalarse, avanzada la obra, al no haber la debida interrelación entre los personajes, se diluye, no cobra cuerpo.

Los personajes, en su exacerbación, trasmiten la locura propia de una época histórica que se llevó valores, vidas y destinos. Una época que –en nuestro país, para nuestra fatalidad– ha regresado metamorfoseada y convertida en farsa, como bien diría Carlos Marx. Este hilo conductor, de alguna manera, es lo que enlaza los monólogos, ese frenesí revolucionario. Y en ellos aparecen distintas remisiones a la simbiosis entre política y religión; el principal de ellos quizá sea la mención de la cruz.



En el segundo momento del espectáculo –porque así corresponde denominarlo, más que como obra teatral– se suceden escenas que intentan dar un vuelco al clima de la primera parte. Además de la aparición de un grupo de comediantes, se descubre que el féretro –ese gran símbolo que contenía el cadáver del Líder– no es más que el arcón de un artista de varieté, de un payaso, pero no el sacro féretro de ese mesías. En ese vacío que trae el ridículo, sin el cuerpo del líder, emerge la sátira, la farsa. Y ahí hay una buena lectura de lo que somos.

En algún pasaje hay escenas de violencia gratuita y, debido al efecto de un disparo –por cierto, nada agradable, ni recomendable–, un momento de tensión que nos puede acompañar hasta finalizada la obra.

Más allá de que consideramos que no existe una idea dramática que organice las escenas, que terminan presentándose como números aislados que pueden estar o no, elogiamos la alta calidad actoral del grupo y, con esto, la dirección del mismo.


En parte, a nuestro juicio, los defectos o carencias que observamos son propios de las obras teatrales en las que el director tiene a cargo la escritura de las mismas –algo que  estamos presenciando regularmente– y que dan la impresión de haberse gestado más desde la práctica escénica, que desde la necesidad de la escritura. Paradojalmente, alguien podrá agregar que con Shakespeare la cuestión puede no haber sido muy distinta, como hombre de teatro que era el Bardo de Avon. Pero entendemos que buscamos señalar otra percepción del nacimiento de la obra.

“La vida compartida”, se nos presenta como una ilación de cuadros independientes, con el uso de ciertos recursos teatrales que permiten darle continuidad narrativa, pero sin los contenidos dramáticos insoslayables, que condimentan al teatro.





Esto no quita que reconozcamos en la escritura de Pablo Caramelo un muy buen trabajo de escritura, así como mencionamos su idoneidad en la dirección. Son cuestiones del espectáculo. Una puja entre texto teatral y no texto teatral.

El desenlace en “La vida compartida”pasa a ser, en nuestra visión, uno de los infinitos desenlaces posibles. Al no haber un atisbo de conflicto dramático, ni una trama que solicite su resolución, el final es sencillamente el momento que, arbitrariamente, se desee.

Sinopsis para Prensa:

Un grupo de jóvenes revolucionarios, en la fecha luctuosa del fallecimiento del líder político que rige el destino de algún país latinoamericano, resuelve raptar el féretro con sus restos y llevarlo a un teatro abandonado para homenajear su memoria en forma privada y clandestina. Durante la hora que ocupa el desarrollo de la ceremonia fúnebre, el fervor retórico mudará en un clima exhausto de sospecha y desilusión, y los cuerpos jóvenes envejecerán imperceptiblemente. No obstante, en tono menor, y casi como una condena, continuarán celebrando.

Ficha técnico artística:


ABASTO SOCIAL CLUB
Yatay 666 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4861-7714
Web: 
http://face: abasto socialclub
Entrada: $ 80,00 / $ 60,00 - Viernes - 23:00 hs - Hasta el 22/08/2014 

lunes, 19 de agosto de 2013

Tus deseos en fragmentos

Obra de 
Ramón Griffero 

Escribe:
Alejandro Miroli



El siglo XX fue testigo de una mutación estética radical: el pasaje desde la mímesis hacia la construcción.  La vieja agenda aristotélica que enfatizaba la imitación catártica de la realidad como función de la tragedia, muta en consonancia con las transformaciones de las artes en producción de efectos sin enlace alguno con realidad. La ruptura de las unidades, de los contornos y de la trama lineal, fueron efectos básicos en la producción teatral contemporánea.
Estos recursos aparecen en forma clara en la obra del autor chileno Ramón Griffero, autor con una larga trayectoria creativa. “Tus deseos en fragmentos” que fue estrenada en Santiago de Chile en el año 2003, se presenta como una estructura de cuadros sin continuidad manifiesta.

La metáfora museo-vida –expuesta por Tu– atraviesa la obra, ya que la estructura de cuadros sin sucesión cronológica o ilativa, solo adquiere unidad en el todo, en la obra terminada; y la propuesta acentúa esto. Los cuadros no se presentan como partes de una serie sino como piezas que pueda ser armadas sin agenda previa –como el deambular de un viajante en los espacios del museo, en el cual los cuadros exponen la afectividad y sexualidad. Esta operación de tornar la secuencia temporal en desarrollo espacial es afirmada como posición en el blog oficial de la obra, donde se dice que “…Las acciones se suceden linealmente pero acceden de inmediato a una simultaneidad escénica donde las situaciones se interconectan por su lectura espacial, a través de los códigos de la narrativa visual (cuerpos, objetos, proyecciones).”[1].

Debe señalarse que dicha perspectiva puede producir en el espectador un cierto efecto de desconcierto, y exigir una atención extrema a cada cuadro entendido como esquicio autónomo. 
La escenografía –una camilla y dos tarimas móviles– y la iluminación, acompañan el pasaje de los personajes como agentes o espectadores de cada cuadro.
La obra se articula en torno a cinco presencias –sólo llamados por pronombres: Tú (César Riveros) Ella (Marité Molina) Él (Leandro Rosenbaum), Una (Constanza Raffaeta) y Aquel (Manuel Reyes Montes). César Riveros como Tú, asume la mayor exposición escénica y el texto le permite una interpretación ajustada, el resto del elenco lo siguen, pero el texto quebrado y los personajes dispersos en esquicios temporales tal vez atentan contra una interpretación precisa.



DELBORDE ESPACIO TEATRAL
Chile 630 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4300-6201
Web: http://www.delborde.com.ar
Entrada: $ 70,00 / $ 50,00 - Viernes - 21:00 hs