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miércoles, 3 de julio de 2019

CLEOPATRA EN LA VISIÓN DE SHAKESPEARE


Por segundo año Silguero mantiene en cartel la adaptación de un clásico isabelino

Fuimos a ver Cleopatra en la puesta dirigida por Marcelo Silguero, en el Auditorio Losada y destacamos, junto a la actuación del elenco, la escenografía y vestuario. Siempre es bueno encontrarse en Buenos Aires con obras de William Shakespeare que no tan habituales como otras. Cleopatra está hace dos años en cartel y es un buen entretenimiento teatral para disfrutar.


Gacetilla de Prensa:

Hablar de Cleopatra, es hablar de la última reina del antiguo Egipto. Una de las mujeres más apasionadas y crueles de la historia universal. Es hablar del amor y el odio, es hablar de los caprichos y deseos del mal y el bien, es hablar de la cordura y la locura, de la decisión de vivir cada minuto al límite de la vida. Es hablar de estados anímicos, con deseos de poder y gloria desbordada, todo eso y mucho más tienen un nombre: CLEOPATRA.
Al unirse Marco Antonio al amor de Cleopatra, la fuerza y la valentía que hacia reventar las hebillas del cualquier coraza en batalla, se ha transformado en un débil abanico que calma los ardores de una egipcia fogosa y ese hombre poderoso y valeroso que todos conocen, cae en la redes de una mujer que utiliza sus armas de seducción, no solo para llevarlo a la muerte irremediable, sino llegar hasta el punto de abandonar a Roma para ir tras ella y dejarlo todo por su amor.
Cada día que pasa, el ambiente en Alejandría se hace más ostentoso y lujurioso, el derroche del alcohol y la prostitución se hace más presente y decadente, sin darse cuenta que sus días están contados. Marco Antonio no atiende los asuntos de Roma y el enemigo avanza. Los soldados romanos desertan en masa, quedando solo con él un pequeño grupo de fieles amigos dispuestos a compartir su inevitable destino, la caída y muerte de su bien amado: Marco Antonio. Día nefasto en que vio a esa mujer y su destino quedo sellado por la fatalidad. No hay vuelta atrás. El destino de Roma esta dado al igual que el de Egipto, ante la eminente caída de Cleopatra. Octavio le manifiesta su voluntad de que vaya a Roma, lo cual ella rechaza al sentir que solo alargara su muerte y la presentara como un trofeo de guerra. Ante tal situación, ella decide darse muerte mediante la mordida venenosa de una áspid o quizás con unos de sus propios venenos que ella misma sabía hacer, eso quedará en el imaginario del espectador. Pero lo que si resulta una victoria póstuma a su muerte, es el hecho de que Marco Antonio se infringe la muerte al enterarse de su fallecimiento, lo cual le imprime un sello de amor fatal.
Una relación autodestructiva, pero llena de ímpetu como solo dos amantes enloquecidos saben hacer. Dos grandes de la historia que supieron hacerlo y dejarlo como huella imborrable de un destino marcado por los dioses. Una mujer que vivió entre la razón y la locura entre la derrota y la victoria, entre la vida y la muerte. Esa Fue Cleopatra, una mujer irrepetible.
¨Mientras el puñal tenga filo, la droga tenga poder o el áspid aguijón, yo he de ser libre…”

Auspicia este Espectáculo. Embajada de Egipto.


Ficha técnico artística



miércoles, 24 de agosto de 2016

Shakespeare entre nosotros

El Rey Lear 

Escribe: Alejandro Miroli



Escrita hacia 1605, y publicada en 1608, King Lear es una de las mayores tragedias de William Shakespeare, y desde ese momento ha sido uno de sus textos más representados, traducidos y explorados. En nuestro tiempo, ha tenido numerosas versiones cinematográficas o televisivas, entre las cuales se cuentan las de Peter Brook (1971), Grigori Kozintsev (1971, sobre la traducción al ruso de Boris Pasternak) y Akira Kurosawa (1985); dos óperas: una de Aribet Reimann–con texto de Claus Henneberg, estrenada en 1978– y otra de Aulis Sallinen, -con texto propio, estrenada en 2000.

El personaje de Lear tiene fuentes literarias, históricas y míticas, que se remontan hasta el mundo celta narrado en la Historia regum Britanniae, de Geoffrey de Monmouth (estos eventos se encuentran en HRB II 135-260) Allí el autor comienza su crónica del siguiente modo:

“Luego que Bladud hallara su destino, su hijo Leir asumió el reinado y reinó por sesenta años.   Él hizo construir una ciudad sobre el rio Soar, llamada desde ese momento Kaerleir en británico y Leicester en ingles.  No tuvo hijos varones, sino tres hijas llamadas Goneril, Regan y Cordelia.   Su padre las amaba con extrema dedicación, especialmente a Cordelia, la más joven.” (HRB II, 135-140, traducción nuestra).”


Entre sus fuentes más cercanas se encuentran Arcadia (1590) de Philip Sidney y el anónimo The True Chronicle History of King Leir and his three daughters, Gonorill, Ragan, and Cordella (presumiblemente representada en 1594).

La obra desarrolla un paralelo narrativo y de motivación entre la historia del Rey Lear, sus tres hijas y sus yernos y la del conde de Gloucester y sus dos hijos Edgardo y Edmundo; en ambos casos está presente la compleja dialéctica entre las relaciones estamentales –los títulos nobiliarios y sus bienes anexos, que se heredan por vínculos de sangre– y las relaciones emocionales, cuya lógica es ajena a los privilegios estamentales. Y en ambos casos dichas lógicas se encuentran en un conflicto irresoluble, que sólo se cierran con daño inmenso, hasta la muerte (cuando ambas historias convergen en el final, cuando Edgar –el hijo del conde de Gloucester, se hace cargo de la corona vacante de Britania que le es cedida por el conde de Albany). Entre ambas historias hay un contrapunto: Lear –al pretender que sus sucesoras tengan un poder menguado por la atención debida a su padre– desata la tragedia al romper el delicado equilibrio que imponía la regla de sucesión dinástica –que es la cuestión más grave en las monarquías absolutas y estamentales, tanto que las relaciones familiares quedan suspendidas y el odio se desata entre los más íntimos, hasta culminar en el desprecio y la vocación homicida. Tal desmesura y sufrimiento desencadenado lleva a Harold Bloom a sostener que “Como tragedia King Lear solo encuentra un antecedente digno en el libro de Job …que Lear, expuesto a la tormenta en el páramo, es deliberadamente una figura Jobeana…” (Harold Bloom, epílogo a William Shakespeare: King Lear (The Annotated Shakespeare), Yale University Press, 2007, p. 195-6), lo que es vívido en el terrible lamento de Lear:

“¡Soplad vientos
Hasta hacer explotar vuestras mejillas!
¡Acción! ¡Soplad!
Huracanes cataratas del cielo volcaos
Sobre los campanarios y las torres
Hasta que no se vea ni una sola veleta.
Rayos sulfúricos
A la velocidad del pensamiento
Precursores seguros de la centella
Que parte en dos la encina
¡Chamuscad mi cabeza blanca!
Y vos trueno que todo lo sacudes
¡Aplanad el planeta!
¡Rompe los moldes de la naturaleza
Aniquila los gérmenes y las semillas
Para que nunca más
Vuelvan a procrearse hijos ingratos!”

(Acto III, 90-100, traducción de Nicanor Parra)



Por el contrario, el duque de Gloucester es un hombre medido, de voz prudente cuya tragedia se desata por la propia dinámica de la pertenencia estamental, entre hijos bastardos e hijos legítimos –que desata una vocación fratricida en Edmundo –el hijo bastardo– para obtener la herencia que perdería de vivir Edgardo
El final de la obra es una de los pasajes más dramáticos de la historia del teatro: la locura y la lucidez se unen en el postrero reconocimiento que hace Lear de su amante hija Cordelia:

“¡Y mi pobre loquita estrangulada!
¡No no no vida!
Por qué motivo ha de vivir un perro
Un caballo una rata
¿Y en ti ni el más mínimo aliento?
¡Nunca nunca nunca nunca nunca!
Desabrochadme este botón por favor.
Gracias señor.
Veis miradla mirad sus labios.
¡Miren miren!”

(Acto V, 515-20, traducción de Nicanor Parra)

Es de celebrar la apuesta de la Compañía Teatro Argentino de Cámara –Teatro El Convento por mantener un repertorio clásico en el ámbito teatral de nuestra ciudad. El teatro clásico supone personajes con espesor histórico –visto la composición de Lear desde la antigua crónica celta hasta la convergencia de dos historias enhebradas– y son obras extensas, lo que exige tiempos de ensayo y composición de personajes, y cierta atención al texto –que originalmente estaba escrito en verso y cuya transcripción a prosa tiende a mermar la intensidad  dramática que provee aquella forma estilística- incluso la prosa volcada en castellano clásico supone un extrañamiento de la lengua hablada de nuestro tiempo, todo lo que puede ser alógeno a las actuales dramaturgias.   Esta puesta tiene una duración de dos horas sin intervalos, lo que debe ser destacado, y los actores mantienen el texto sin caídas; también hay un esfuerzo en la vestimenta que opera como el recurso principal para situar en época; la escenografía es mínima –una mesa que se mueve una y otra vez para cambiar ámbitos; en esa dirección los ambientes se logran con la iluminación, que acentúa los claroscuros –lo que puede conspirar un poco para las personas de corta visión.



En la puesta se pueden ver movimientos de danza, lo que es consistente con la declaración de principios de la compañía:

“De esta manera hemos elaborado, a lo largo de estos años, puestas inspiradas en el arte escénico de la época en que se gestaron las obras (el cuadro vivo, los escenarios simultáneos, el truco escénico.); pero también, las hemos fusionado con formas disímiles que van desde el No japonés al de tensión-relajación de Marta Graham.” (De la página institucional de la Compañía Teatro Argentino de Cámara: http://www.teatroelconvento.com.ar/artistica.html)

El comienzo de la obra atrae, ya la primera escena del decreto por el cual Lear distribuye su reino, se efectúa fuera de la sala, desde la altura del trono –lo que enfatiza la imagen de poder absoluto del rey– ello contribuye a fijar el espacio dramático.
En la puesta, ambos conflictos se presentan con intensidad diversa.  En Lear aparece una composición exacta, medida de la desmesura y desvarío que lo asalta; la Locura aparece como su sombra y entre ambos se componen los mejores momentos de esta puesta.
Goneril y su marido el duque de Albany, Regan y su marido el duque de Cournalles, Cordelia, Oswald y el duque de Kent están correctos, si bien estos últimos sería deseable una mayor intensidad de los personajes, que quedan un poco hablados meramente.
El conflicto del duque de Gloucester se encuentra con el exigido trabajo de Adrián Sett –que representa a Edmundo y a Edgardo, quienes tienen registros diferentes– que supone un esfuerzo superior, que por momentos desdibuja el contraste entre ellos.

La obra y la puesta son completamente recomendables y es de esperar que la sala tenga llenos continuos, y que puedan perdurar más allá de plazos mínimos planeados.





Sinopsis de Prensa

Rey Lear (1605) forma parte de la cúspide dramática de William Shakespeare (1564-1616). Examina la tormenta que genera un anciano rey, a partir del reparto de su reino entre sus hijas, y expone crudamente las consecuencias. El desmoronamiento de su familia y su país son apenas el preámbulo del caos que se cierne sobre todos los personajes, carcomidos por mezquinas ambiciones. La lealtad desaparece, la cordura es fugaz. La naturaleza misma se vuelve brutal.
Rey Lear, como una implacable vorágine, nos arrastra a los basurales de la condición humana, donde la locura y la crueldad tienen su lugar. Sin embargo, mientras la mente de Lear tambalea, alcanza una nueva sabiduría. A medida que la traición lo devora, la lealtad aparece. En su momento más oscuro, el amor lo redime.  
Una vez más, Shakespeare nos acerca el sentido de la vida. Ponemos en escena Rey Lear porque explora las relaciones más básicas de nuestra existencia, resaltando la belleza de la verdad: “Decir lo que sentimos y no lo que debiéramos decir” sigue siendo tan resonante hoy como lo fue hace cuatrocientos años.



Ficha Técnica

Actúan por orden de aparición:

ADRIÁN SETT (Edmundo - Edgardo), OSCAR SANDOVAL MARTÍNEZ (Glocester), JAVIER ALTAMIRANDA(Kent), MARTÍN BARREIRO (Lear), MATÍAS ZAS (Cornualles), GABRIELA CAPONETTO (Regan), FABIO VERÓN (Albania), MIMI FERRARO (Goneril),      FLAVIA CARLUCCI (Cornelia), GRACIELA ROVERO (La Locura) y DAMIÁN BRADWAY (Osvaldo). CANTANTE: ELISA GIRALDO GARTNER.

ESCENOGRAFÍA,VESTUARIO y DISEÑO DE LUCES: MB-MB
DISEÑO GRÁFICO: ADRIÁN SETT
FOTOGRAFÍA: JAVIER POPP
PRENSA: LAURA CASTILLO
Adaptación, puesta en escena y dirección general: MARTÍN BARREIRO

TEATRO EL CONVENTO   
Reconquista 269. C.A.B.A.
SÁBADOS 21 hs.  
Entrada gral. $150 Desc. estudiantes/jubilados $120
Reservas: 4264-1101





domingo, 31 de mayo de 2015

Venus y Adonis en la interpretación de Forteza

Cita con Shakespeare









Escribe:
Alvarez Castillo

  Este espectáculo basado en una pieza juvenil de William Shakespeare y concebido en esta puesta por Sergio Amigo, vuelve a escena luego de cinco años. Y, nuevamente, Bernardo Forteza pone su talento para darle voz y cuerpo a un texto poético de alta calidad, superando gracias a una excelente dramatización del poema, las dificultades naturales que apareja el reto de la interpretación íntegra de una obra de la dimensión de “Venus & Adonis”.

  Forteza se desdobla en las voces del joven cazador y de Venus, diosa del amor que merced a distintos artilugios verbales intenta, sin suerte, persuadir al bello y adolescente Adonis, para que éste se entregue al deseo sexual.









  En este juego escénico, Forteza se luce gracias a una correctísima dicción y comprensión del texto, con inflexiones en los tonos de voz y acciones físicas que no dan tregua. Allí está, solo, en escena, acompañado por pocos objetos a los que da vida desde la actuación, mientras nosotros nos deleitamos presenciando esta cita con Shakespeare, invitación a las posibilidades que da el buen teatro y la gran Literatura.




Sinopsis de Prensa:

Para muchos, William Shakespeare habría escrito este "primer fruto de su imaginación" durante su adolescencia en Stratford-upon-Avon.
Esta pieza lírica relee el mito clásico acerca del cortejo inútil al que la diosa del amor somete al tierno y bello adolescente Adonis, quien luego de negarse a los placeres sensuales ofrecidos por Venus, parte a la caza de un jabalí y encuentra la muerte.
Historia que Shakespeare utiliza para crear a estos personajes que ya anticipan a los grandes caracteres de su teatro, y donde aparecen, tempranos y en germen, sus tópicos recurrentes: la génesis del deseo, el efecto devastador del tiempo, la fugacidad de la belleza, los senderos que inevitablemente conducen a este mundo al caos.



Bernardo Forteza se desdobla y multiplica en esta propuesta unipersonal, en Venus, en Adonis, y en Shakespeare mismo.
Este trabajo intenta recolocar la fuerza del verso en un espacio "casi" vacío, y preservar en su versión en español, traducida espléndidamente por Mariano de Vedia y Mitre, la potencia del texto original en toda su magnitud poética.

"El amor al dolor siempre irá unido,
e irán tras él los celos a porfía,
dulce será el comienzo, el fin fallido;
su amor ninguno ha de gozar en calma;
más que placer, dará dolor al alma."



Ficha técnico-artística:




Humahuaca 3549 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4865-0014
Web: http://www.teatrodelabasto.com
Entrada: $ 120,00 - Domingo - 19:00 hs.

viernes, 23 de mayo de 2014

Oraciones fúnebres ante el féretro

Apuntes
sobre
La vida compartida 





Escribe:
Alvarez Castillo


La obra se inicia con los cinco actores en escena, sumidos en una sugestiva escenografía, y una rápida referencia a Sartre, a obras como “Las manos sucias”, que buscan crear cierto clima de intelectualidad emparentado al accionar revolucionario. Pero tempranamente se percibe lo que será una característica del espectáculo: una excesiva lentitud, que no despeja la previsibilidad en el desarrollo de las acciones.


La sala ofrece dos gradas ubicadas en ángulo recto, que permiten una excelente visión a los espectadores. Además, para esta obra, se utiliza una entrada lateral, de garaje, para el ingreso de un automóvil a metros de las de los espectadores, desde el que se traslada el féretro. Éste y otros efectos, como sonidos externos que provienen, por ejemplo, de un baño, hacen crecer el escenario a los márgenes del mismo escenario.


El grito, la exaltación, a la que acuden los actores, en especial, en la sucesión de oraciones fúnebres, en homenaje al líder muerto, son un trago largo de beber. Esos largos monólogos lentifican aún más la acción dramática. Y, más allá de la corrección literaria, el texto que parodia el panfleto político, arrasa con el diálogo entre los personajes. Expresan ideología, uno tras otro, pero no hay conexión entre ellos. Se tiene la impresión de que se puede sacar a uno u otro, sin que varíe la pieza, en esa ronda de lamentos juveniles. Y esto no es responsabilidad del director, ni de los actores en sí, no se aprecia qué más se puede hacer, ante una suma de discursos de esas características. Lo hagiográfico se lleva puesto la pasión revolucionaria, el móvil ideológico.
En el líder político se dibuja la imagen de un Mesías, y la sospecha que puede instalarse, avanzada la obra, al no haber la debida interrelación entre los personajes, se diluye, no cobra cuerpo.

Los personajes, en su exacerbación, trasmiten la locura propia de una época histórica que se llevó valores, vidas y destinos. Una época que –en nuestro país, para nuestra fatalidad– ha regresado metamorfoseada y convertida en farsa, como bien diría Carlos Marx. Este hilo conductor, de alguna manera, es lo que enlaza los monólogos, ese frenesí revolucionario. Y en ellos aparecen distintas remisiones a la simbiosis entre política y religión; el principal de ellos quizá sea la mención de la cruz.



En el segundo momento del espectáculo –porque así corresponde denominarlo, más que como obra teatral– se suceden escenas que intentan dar un vuelco al clima de la primera parte. Además de la aparición de un grupo de comediantes, se descubre que el féretro –ese gran símbolo que contenía el cadáver del Líder– no es más que el arcón de un artista de varieté, de un payaso, pero no el sacro féretro de ese mesías. En ese vacío que trae el ridículo, sin el cuerpo del líder, emerge la sátira, la farsa. Y ahí hay una buena lectura de lo que somos.

En algún pasaje hay escenas de violencia gratuita y, debido al efecto de un disparo –por cierto, nada agradable, ni recomendable–, un momento de tensión que nos puede acompañar hasta finalizada la obra.

Más allá de que consideramos que no existe una idea dramática que organice las escenas, que terminan presentándose como números aislados que pueden estar o no, elogiamos la alta calidad actoral del grupo y, con esto, la dirección del mismo.


En parte, a nuestro juicio, los defectos o carencias que observamos son propios de las obras teatrales en las que el director tiene a cargo la escritura de las mismas –algo que  estamos presenciando regularmente– y que dan la impresión de haberse gestado más desde la práctica escénica, que desde la necesidad de la escritura. Paradojalmente, alguien podrá agregar que con Shakespeare la cuestión puede no haber sido muy distinta, como hombre de teatro que era el Bardo de Avon. Pero entendemos que buscamos señalar otra percepción del nacimiento de la obra.

“La vida compartida”, se nos presenta como una ilación de cuadros independientes, con el uso de ciertos recursos teatrales que permiten darle continuidad narrativa, pero sin los contenidos dramáticos insoslayables, que condimentan al teatro.





Esto no quita que reconozcamos en la escritura de Pablo Caramelo un muy buen trabajo de escritura, así como mencionamos su idoneidad en la dirección. Son cuestiones del espectáculo. Una puja entre texto teatral y no texto teatral.

El desenlace en “La vida compartida”pasa a ser, en nuestra visión, uno de los infinitos desenlaces posibles. Al no haber un atisbo de conflicto dramático, ni una trama que solicite su resolución, el final es sencillamente el momento que, arbitrariamente, se desee.

Sinopsis para Prensa:

Un grupo de jóvenes revolucionarios, en la fecha luctuosa del fallecimiento del líder político que rige el destino de algún país latinoamericano, resuelve raptar el féretro con sus restos y llevarlo a un teatro abandonado para homenajear su memoria en forma privada y clandestina. Durante la hora que ocupa el desarrollo de la ceremonia fúnebre, el fervor retórico mudará en un clima exhausto de sospecha y desilusión, y los cuerpos jóvenes envejecerán imperceptiblemente. No obstante, en tono menor, y casi como una condena, continuarán celebrando.

Ficha técnico artística:


ABASTO SOCIAL CLUB
Yatay 666 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4861-7714
Web: 
http://face: abasto socialclub
Entrada: $ 80,00 / $ 60,00 - Viernes - 23:00 hs - Hasta el 22/08/2014