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jueves, 17 de agosto de 2017

ARMANDO DISCÉPOLO, HOMBRE DE TEATRO

Hombres de honor:
Una puesta
de Matías Leites




Escriben:
Alejo Alvarez Castillo
Héctor Alvarez Castillo


Esta interesante obra de Armando Discépolo (1887-1971), se repuso hace un mes en el teatro que mejor podía acogerla: El teatro del pueblo, ese conjunto de dos salas fundado en la década del treinta por Leónidas Barletta –su primer director– junto a un grupo de entusiastas por el teatro independiente. Y, junto a este dato, es buena la noticia de un grupo de actores, que va tomando distintos roles según la obra, en este caso liderado por Matías Leites en la dirección, continúe trabajando en forma constante para difundir clásicos y no tan clásicos de nuestra escena nacional.



Lo primero que va a sorprender al espectador no avisado es que se aleja de la característica sobresaliente en Discépolo: el grotesco criollo, pero en su cuestionamiento ético a la clase alta y en la crisis de valores, que presenta la obra, este talentoso autor exhibe la misma maestría celebrada en piezas como Mateo o Babilonia, para mencionar algunas. La dependencia que crea la adicción enfermiza del juego, la ruina que sobrelleva, la comprensión ausente, la falta de diálogo, van tejiendo el clima de la obra y el desenlace anunciado.


Las actuaciones son todas competentes, sobresaliendo la de Mariano Ulanovsky. Su trabajo ya lo hemos apreciado en Tute cabrero, una de las esenciales piezas de Roberto Cossa (https://arteenbaires.blogspot.com.ar/2014/09/tute-cabrero.html).



El vestuario y la escenografía, a cargo de la reciente y tristemente desaparecida Marta Albetinazzi, son impecables. Éste probablemente ha sido su último trabajo y testimonio; en él percibimos la buena reconstrucción de época en el vestuario así como el buen aprovechamiento del espacio merced a los elementos mínimos.

La puesta y dirección a cargo de Matías Leites, con la asistencia de María Eugenia Gómez, deben valorarse porque lograron trasmitir el espíritu y la tensión de la obra respetando el texto, sin necesidad de alterar la época en que transcurre la acción ni otros elementos de la creación original.




La banda musical y el diseño sonoro es responsabilidad de Santiago Barceló, y están en sintonía con la puesta.

Sinopsis de Prensa:

Discépolo sacude y cuestiona una vez más valores y posturas sociales, arraigadas fundamentalmente en la clase alta. Un juez se entrega al juego y pierde su fortuna, dejando en bancarrota y sumergiendo en la humillación social a sus jóvenes hijos. El honor y prestigio que sostiene durante el día, los pone en juego durante la noche.


Ficha técnico-artística:


Clasificaciones: Teatro, Adultos
TEATRO DEL PUEBLO
Av. Roque Sáenz Peña 943 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Reservas: 4326-3606
Web: http://www.teatrodelpueblo.org.ar
Entrada: $ 200,00 / $ 170,00 - Viernes - 21:00 hs. 

lunes, 28 de abril de 2014

El Puente

El clásico de
Carlos Gorostiza,
en dirección de Leopoldo Minotti




Escribe:
Alejandro Miroli

Estrenada en 1949 –un tiempo axial en la historia argentina– la obra de Carlos Gorostiza se ha convertido en uno de los clásicos dramáticos de la Argentina.  Nunca mejor dicho, ya que el signo de un clásico es su uso casi incesante en el currículo de literatura de las escuelas medias.



Instalado en un movimiento que renovó la escena teatral –junto a autores como Agustín Cuzzani, Osvaldo Dragún– y que rompió con el costumbrismo, y con la crítica de vicios y virtudes personales, propia del teatro anterior, por la crítica de las instituciones. En El Puente esto es llevado al extremo; es el dinero, el dinero en sí como fetiche; y es la lógica del dinero la que aparece como determinante; y el dinero opera como un magma anónimo –en palabras del Padre: “El dinero corre. Viene y se va. No es de nadie. El dinero es dinero y nada más.  Que algunos ahora tengan más no significa que pertenece a ellos.” En esta lógica somos nosotros los que pertenecemos al dinero. En esa lógica sólo nos cabe pertenecer o no; y esta decisión traza la diferencia entre “los muchachos de la barra” y “los pitucos” (“¿No viste que es un pituco?” interroga Pichín –uno de los muchachos– refiriéndose a Rodolfo, el hijo del Padre, dueño de la casa en cuyo frente transcurren las escenas de la barra y cínico perdedor, que dilapidó la fortuna familiar). 

Unos lo anhelan, y sienten su ausencia como una perdición –La Casa– otros lo tienen y lo entregan sin miramientos, cuando se necesita la solidaridad grupal –La Calle.









En la obra hay un interlocutor ausente, tan ausente que si la obra se diera en otro país, los espectadores no entenderían cual es el ambiente social en que transcurre. Y tan presente que el eje dramático central –la oposición entre La Calle y La Casa– lo representa con otras palabras: el peronismo de la primera administración de Juan Domingo Perón. Está en las observaciones que dan cuenta –en la voz del Panadero– en las menciones de la puja distributiva, que llegaba a la Argentina para quedarse y sobre la que continuamos refiriéndonos. Declara el Panadero: “Imagínese. Todo sube, el sueldo no alcanza. Entonces piden aumento. Viene el aumento, entonces todo sube. Y no alcanza el sueldo otra vez. ¿Qué se puede hacer?” 

La familia opera como espejo inverso de la barra: el Padre cínico observador del vacío que porta el dinero, Rodolfo como el perfecto opuesto a los muchachos –vago, sin ninguna ambición que no sea salir con sus amigas, sin ninguna comprensión de lo que sucede– y Elena, la esposa del Ingeniero, que expresa los valores de la clase media urbana y profesional: la valoración del dinero, el prejuicio social y el cuidado de las apariencias, en una visión casi darwiniana de la vida social: “En este mundo todos tienen la misma oportunidad. El que la sabe aprovechar, allá él. Nosotros no tenemos por qué después ir salvándolos de los apuros. Mejor es darles una lección”.

La barra de muchachos presenta una de las actuaciones colectivas más ensambladas y perfectas que se pueda ver en la escena actual, siete personajes, siete actores marcados con precisión y con el tiempo y tono exacto, trasmitiendo aquella institución celebrada –e hija de una época en que la movilidad de las clases populares era escasa y la posesión de un auto particular era un síntoma de status, que diferenciaba riqueza; en que la mayoría de los trabajos estaban allí, en el barrio, en que el tiempo laboral y el tiempo de socialización se nutrían uno a otro –y que aparece representado, en la obra, por el trabajo que había tomado Andresito en Campana– y en que la vida concebía sin dinero los lazos humanos.


La familia de los “pitucos” también exhibe la tensión y la crispación necesarias, sin embargo el papel del Padre exigiría una edad y una postura corporal –vencida– que la juventud de Guillermo Rosasco no trasmite  al punto que lo solicita el papel. En el cinismo y desprendimiento que expresa el Padre, es donde la conciencia de la vanidad del dinero aparece en La Casa. Es quien hizo la trayectoria entre los dos mundos: aquel donde contamos el dinero y aquel donde el dinero nos cuenta –como la necesidad de La Madre de pagar la deuda antes del mediodía–. 


En general, puede señalarse un común en los personajes de La Casa: la marcación actoral está como acentuada, como si los propios actores no creyeran en los valores que exponen estos personajes, y en ese sentido El Padre, Elena y Rodolfo, parecen como levemente ridiculizados.


Dividida en dos actos con dos movimientos cada uno (La Calle, La Casa), que transcurren en tiempos paralelos y en una acción que converge hasta un final perfecto, que cierra y significa toda la acción dramática –en que Calle y Casa se unen, en presencia de la muerte– la escenografía en paralelo sigue la acción. Y el recurso de la puerta móvil acentúa el carácter de espejo de la tensión entre La Calle y La Casa, a ello concurren una ambientación medida a la época, con un vestuario y una iluminación que acompañan en forma precisa.

Se trata de una versión para celebrar, para ver con ánimo, porque el espectador se encontrará con uno de los textos más representativos de un clima social y de una época axial –una época que alumbró actores políticos todavía presentes–, y una puesta que exhibe un trabajo de ensayo, de construcción de personaje y de interacción importantes.


Palabras del autor sobre la puesta:

"Hace mucho tiempo el joven entusiasta que era yo escribió una obra titulada "El Puente".
La obra fue elegida y representada por el entusiasta grupo de jóvenes que integraba el teatro independiente "La Máscara".
Hoy, 65 años después, con la misma emoción y el mismo entusiasmo, otros jóvenes entusiastas han elegido la obra para ser representada en el Teatro del Pueblo.
A todos ellos mi agradecimiento."
Carlos Gorostiza, 2014.



Mirada del director sobre el proyecto:

Nos pusimos frente a este texto complejo y desarrollado desde lo literario.
Sus diálogos reflejan dos mundos paralelos opuestos, respecto de una etapa de pura “revolución” de la propia historia de nuestro país.
Por otra parte, encontramos un particular entusiasmo frente al desafío de la cantidad de actores, pensamos que aquello generalmente visto como un obstáculo, se presentaba ante nosotros como un desafío y una oportunidad de puesta en valor de la búsqueda y el trabajo colectivo, retomando la labor teatral del mismo modo que lo hacían aquellas antiguas agrupaciones, donde lo único importante  era el trabajo con total entrega.


Elenco
Rodolfo  /  Martín Althaparro
Panadero y Hombre 1  /  Marcelo Beltrán Simó
Ronco  /  Gustavo Brenta 
Teso  /  Matías Broglia
Mingo  /  Emmanuel Bufali
Ñato  /  Roberto Cappella
Tere  /  Cruz Carot
Tilo  /  Marcos Horrisberger
Angélica  /  Laura Ledesma
Pato  /  Matías Leites
Pichín  /  Nicolás Mascialino
Madre  /  Alicia Naya
Reemplazo Tere  /  Verónica Parreño
Elena  /  Cecilia Rodríguez
Padre  /  Guillermo María Rosasco


Ficha Técnico artística

Escenografía y vestuario:

Silvia Rodríguez
Escenografía:
Néstor Russo
Música original y diseño sonoro:

Santiago Barceló
Diseño de luces:

Laura Melchior
Operación técnica: Nayla Perissé
Producción general: Cooperativa El Puente
Producción ejecutiva: Verónica Parreño y Coop. El Puente
Fotografía: Puerta del Sur Producciones
Diseño Gráfico: Roberto Capella y María Eugenia Gómez
Asistente de dirección: Verónica Parreño
Dirección: Leopoldo Minotti
Prensa: Octavia Comunicación www.octaviacultura.com.ar

Funciones: lunes, 20:30 hs.
Lugar: Teatro del Pueblo (Av. Roque Sáenz Peña 943)
Entrada general: $100. Estudiantes y jubilados: $70.
Reservas: 4326 3606
Duración aprox.: 115 minutos.