domingo, 1 de abril de 2012

La señorita Julia en versión de Gabriel Molinelli

Escribe: Héctor Alvarez Castillo



Desde el expresionismo, sabemos que August Strindberg (1849-1912) es uno de los fundamentales renovadores del teatro contemporáneo. Abre las puertas e inaugura caminos que recorrerán los principales dramaturgos del siglo XX. La emancipación de la mujer, las relaciones de pareja, las diferencias sociales, son algunos de los nudos esenciales de su teatro. Y en “La señorita Julia” –“Froken Julie”, de 1888– estos temas aparecen reunidos y combinados para gestar un clima de tensión constante.
En la introducción a la obra –que nos recuerda lo que tiempo después serán los prólogos de Bernard ShawStrindberg nos cuenta que esta trágica historia le había llegado años antes. Al inicio de esa introducción, fiel a su estilo crudo, nos dice que considera al “autor dramático un predicador laico, que propaga las ideas de su tiempo en forma popular, tan popular que la clase media, que es la que llena principalmente los teatros, puede comprender sin gran esfuerzo mental lo que en ellos se expone”.

En la obra se hará público lo que se esconde debajo de la alfombra, y las diferencias de clase serán superadas gracias al factor humano que ninguna situación es capaz de limitar al punto de hacerlo desaparecer. De Strindberg, Jesús Pardo ha dicho que: “escribía en una lengua que, bajo muchos aspectos, había sido creada por él, y dijo en ella cosas que antes no se habían dicho nunca en sueco.” En consonancia con esto, podemos agregar que llevó a las tablas a la sociedad de su tiempo como nunca antes había sido llevada y exhibida.



Con seguridad, la lectura que realizamos de esta obra depende de nuestra visión contemporánea sobre la sexualidad, el rol de la mujer, su libertad y emancipación, entre otras cuestiones que pueden derivarse del texto. Pero mucho de esto no fue considerado de tal modo por el creador de este drama con olor a tragedia. Quizá la buena noticia es que “La señorita Julia” resiste, en tanto que se abre al debate contemporáneo, el paso del tiempo, a diferencia de otros textos que han quedado fijados a su circunstancia. Y esta característica del teatro de Strindberg es lo que hace que podamos asistir a una nueva puesta, en el año 2012, y presenciar la lucha de ideas, intereses, la carga de sexualidad y los deseos de ascenso social, que hoy nos presenta Molinelli, como algo que nos incumbe.
Muy buen trabajo de Augusto Britez, en el papel de Juan, dando muestra de una gran energía y variedad de máscaras, ésas que le solicita este texto al único personaje masculino. Juan será quien por experiencia, por inteligencia o por intuición, tendrá la visión de panorama que ni Julia ni Cristina atisban.
A la actriz Laura Sardin le toca desempañarse en el rol de la señorita que da nombre a la obra, y que en la noche de San Juan dejará “su honor”, en un rapto erótico que tiene tanto de dramatismo como de desesperación. Su labor se atiene correctamente a la de Britez, que domina la escena.
Graciela Bonomi toma el papel de Cristina, la cocinera, ese personaje secundario que el mismo Strindberg calificó como: “una esclava, llena de dependencia y de apatía, acumuladas ante el fogón, apuntaladas por la moral y la religión, como capas protectoras y cabezas de turco.” Y es justo señalar que representa a la perfección su papel, interviniendo en los momentos en que debe hacerlo con absoluto convencimiento.



El decorado es ajustado, mínimo, pero dispuesto de tal modo que nos resulta el que necesitamos para que nuestra imaginación –como le agradaría a Strindberg– haga el resto. Añadimos que en esta sala, La tertulia, en el año 2005 habíamos visto la puesta de “Los siete locos”, con adaptación y dirección de Lisandro Vela, y, a semejanza de esta experiencia, la cercanía que la sala ofrece entre actores y público, resultó beneficiosa para la representación. En ese caso, el decorado lucio por su inexistencia, sin que esto conspirara contra la verosimilitud de la acción.



La versión de Gabriel Molinelli es respetuosa del original, con acertados giros e intervenciones humorísticas propias de Buenos Aires. La suficiencia en su trabajo como director y la asistencia de Cristian Alvornos, quedan demostrados ante la producción general de los actores y el conjunto que hace al vestuario, a la escenografía y la música. Marcelo Ferreyra, en este rubro, ha estado a la altura de lo que solicita August Strindberg, cuidando el grado de sugestión.
Las funciones son los domingos, a las 21 horas, en “La tertulia”, Gallo 826, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Ficha técnica:
Juan: Augusto Britez
Señorita Julia: Laura Sardin
Cristina: Graciela Bonomi
Autor: August Strindberg
Versión: Gabriel Molinelli
Vestuario: Cristina Tabano
Estenografía y diseño de iluminación: Jorge Leiba
Maquillaje y peinado: Silvia Savaglia
Diseño gráfico: Dante Rodríguez
Fotografía: Ana Devanna y Mariana Varela
Prensa: Laura Castillo.
Música original: Marcelo Ferreyra
Asistente de dirección: Cristian M. Alvornos
Dirección General: Gabriel Molinelli

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