martes, 9 de enero de 2018

De cómo el Sr. Mockinpott logró liberarse de sus padecimientos

Delirante y voluptuosa versión
de Mockinpott
de la mano de Margulis-Levín




Escribe:
Fernando González Oubiña


En la sala de arriba del Teatro IFT, he presenciado una Alucinación colectiva o hechizo de proporciones épicas. Hubo en la última función de la temporada 2017 de Mockinpott suficiente de todo, incluso escándalos que se vivieron en el acceso a la sala, porque el público asistente rebalsaba casi tres veces la capacidad del noble inmueble… Sobre el escenario, estupendos actores que suman hallazgos, más colores del género -todos los imaginables, y más- y luego la más desparpajada libertad; los ojos no me alcanzaron para ver a todos estos hermosos dementes, dedicados a la ardua tarea de construir significancias, en esta estupenda puesta en escena del dúo Margulis-Levín de la emblemática: De cómo el Sr. Mockinpott logró liberarse de sus padecimientos; obra clave de la icónica pluma de Peter Weiss (1916-1982), este dramaturgo, novelista, pintor, artista gráfico y cineasta experimental, nacido en un suburbio de Berlín, Alemania, que luego adoptó la nacionalidad sueca.

Weiss como dramaturgo destaca en la utilización de una amplia gama de recursos técnicos y estilísticos, la diversidad de planos temporales, el recurso del teatro dentro del teatro, el uso de coplas callejeras y pregones, la manipulación de los elementos del teatro musical y del absurdo por primera vez unidos, elementos todos que amalgamados a un comprometido discurso social constituyen la clave del dinamismo de sus piezas y cimentan esa particular expresividad, que será marca registrada de su  producción, catalogada como: teatro-documento, o teatro documental.



Explicado en palabras del propio autor: "…un teatro de información, que renuncia a toda invención, se sirve de material auténtico (expedientes, actas, cartas, cuadros estadísticos, balances de empresas, entrevistas, declaraciones oficiales, reportajes, etc.) y lo da al escenario sin variar su contenido, elaborándolo en la forma…"

La voluntad eminentemente crítica del teatro-documento se pone de manifiesto en obras como La indagación, Discurso sobre Vietnam, Trotski en el exilio, Hölderlin, pero es en Marat Sade donde consolidará el recurso de la denuncia y la resistencia política, como intertextualidad con los sucesivos presentes, tornando su dramaturgia en un legado imperecedero.


Weiss junto con su familia tuvieron que exiliarse durante el nazismo. Vivió en Inglaterra, Checoslovaquia y en Suecia, donde en lengua sueca comenzó su carrera como escritor, aunque más tarde logrará fama internacionalmente como escritor en idioma alemán. Estudió en la prestigiosa Academia de Arte de Praga; fue honrado con el Premio Charles Veillon, 1963; el Premio Lessing, 1965; el Premio Heinrich Mann, 1966; el Premio Anderson Carl Albert, 1967; el Premio Dehler Thomas, 1978; el Premio de Literatura de Colonia, 1981; el Premio de Literatura Bremen, 1982; la Nios De premio, de 1982; el Premio de la Crítica de Teatro Sueco, de 1982. Póstumamente le fue otorgado el Premio Georg Büchner, en 1982.

Alfonso Sastre en su prólogo nos da la siguiente idea: "Peter Weiss siempre pensó en el Infierno de Dante como una imagen de nuestro tiempo". Nos ocupa el infierno del Sr. Mockinpott, que Weiss recrea con fines morales y prácticos, identificándolo con la catástrofe que supone para la humanidad la derrota de la revolución proletaria y el surgimiento del fascismo: Holocausto privado para el protagonista de esta pieza, él será excesivo y se mostrará vulnerable, la realidad circundante lo vejará de múltiples maneras. Caricatura del hoy escrita en el pasado.
En esta puesta es notable la des realización, el despegue de un modo comunicacional naturalista para pasar a la estética circense, al clown más particularmente, que es una forma de exposición extrema atravesando la cuarta pared para incluir al espectador de variadas formas, en términos de ideología clownesca es el público el que completa la escena en tiempo real, incluido y desprevenido deberá responder a todos los estímulos y requerimientos del actor, que se asoma a la posibilidad de un otro no receptivo, y este buen actante quedará dibujado y deberá, en el mejor de los casos, duplicar la apuesta, elegir rápidamente un foco de atención mayor por las razones que fueren, rebuscárselas o gritar: ¡telón!

Dato notable: sobre la versión traducida al español de Alfonso Satre, Javier Margulis, uno de los directores, adapta y contextúa con pluma maestra, trayéndola al presente, respetando la métrica y versificación de la traducción de Sastre. Tremendo y destacable logro que se suma a los múltiples hallazgos de dirección que esta dupla maravillosa: Eugenia Levín y Javier Margulis constituyen, ellos plantean un universo con recursos muy magros pero estupendamente aprovechados: luces adecuadas, vestuario correcto y el recurso escenográfico de los telones pintados, que nos conectan inmediatamente con la tradición del teatro antiguo, la ópera e incluso los primeros fotógrafos retratistas de estudio; el espacio se delimita constantemente en una simpática convención donde los mismos actores corren el telón, generando un proscenio que es de intimidad e interacción de los personajes protagónicos: el Sr. Mokinpott y su amigo Pepino, quienes dialogan en un constante corte brechtiano incluyendo a los espectadores, incluso dirigiéndose a ellos y consultándolos.

Los directores apelan al humor, el más cruel y recargado, y al estilo de la Farsa que no existe en estado puro ni es un género propiamente dicho, es más bien un proceso de simbolización que puede sufrir cualquier género dramático en la propuesta que nos ocupa este recurso es utilizado para criticar la forma en la que viven los seres humanos en sociedad. A la Farsa se la asocia comúnmente con lo cómico, grotesco y bufonesco, a una risa grosera y a un estilo poco refinado. Se origina en la Edad Media, se supone que nace de una serie de liturgias y jurisprudencias que eran evidencias de algunas situaciones irregulares en la vida, tanto civil como eclesiástica. Mientras la comedia intenta reconciliar al espectador con sus propios vicios humanos, la farsa pretende denunciar una realidad oculta, ignorada o controlada. Lo hizo en tiempos antiguos satirizando los principales géneros teatrales que en ese momento existían: el de los misterios y el de las moralidades, en tono de  burla. Etimológicamente del Francés farce, de farcir, y éste del Latín farcire, rellenar.

Una notable sucesión de confrontaciones ideológicas atrapa al protagonista en controversiales contradicciones, exponiendo el maloliente tejido social y el abuso que ejercen las instituciones sobre el sujeto. Como en toda la obra de Peter Weiss la incorrección política es su marca registrada, la denuncia social es llevada a una estilización intertextual que tiene la particularidad única de la atemporalidad, estos males que Weiss denuncia seguirán aquejando a nuestra especie, porque el gran autor nos expone destazando el alma humana en una feroz carnicería psicológica, el texto plagado contenidos anarquistas y una marcada tendencia humanista es una pieza central del teatro universal. Mediante un consistente intertexto político la dramaturgia propone un descentramiento, el mundo de Mokinpott estará patas arriba cuando él logre librarse de la injusta condena que lo mantiene tras las rejas. Esta versión es en realidad una plataforma de experimentación que plantea un determinado sistema de signos como pretexto para bucear en el alma humana.


En escena los directores priorizan el trabajo con el propio cuerpo y con el cuerpo del otro, todos ejecutan aceitados recursos de comedia física y vemos un constante ejercicio virtuoso de dirección y actuación que conjuntamente y sin límites van retroalimentándose y refocilándose en la esencia misma de la teatralidad contemporánea.
Es destacable como la experiencia de estos creadores es capaz de trasvasar, re significando una obra de arte máxima de la literatura dramática contemporánea, con un ingenio sin límites. Riesgos  tremendos largamente superados; hay una decisión de los directores de encauzar el hacer en férreos límites de estilo y luego dejar volar al intérprete, que entendió el sistema de signos con verdadero virtuosismo en todos los casos, si, todos y cada uno en este elenco hacen un ejercicio notable de llegar a altos decibeles artísticos y de allí redoblar la apuesta hasta una fisión actoral, este Chernobyl hilarante hace doler la barriga y pensar, sorprende y abruma de belleza.

Los actores encaran alocadamente un teatro que no oculta en lo mas mínimo el artificio, con una escenografía resuelta en paños pintados y practicables neutros, que se alinean para construir muebles y espacios, la esencia misma de lo teatral que el dúo Levin- Margulis ostenta tan desfachatadamente como sus actores la actúan; destaco aquí la agudeza para ver más allá de lo aparente, de lo obvio, en términos no tautológicos.

La consistencia de la propuesta se materializa en niveles estratigráficos de lectura, diferentes napas donde se re significan las conductas farsescas, la constante actividad clown dominada por precisos efectos sonoros, generados por un personaje narrador incluido en la escena, que con redobles y efectos rítmicos realza las actuaciones con precisión, logrando una mecanización del sujeto que es hilarante, este ángel musical interpretado por Lechuga Beckerman dialoga con eficacia desde otro lenguaje con la acción y sus protagonistas, excelente trabajo, clorofila de gran actor corre por sus venas.

El Sr. Mockinpott es un hombre común y buen ciudadano: cumple con su trabajo, paga sus impuestos y se encuentra felizmente casado. Súbitamente su mundo se desmorona y la realidad comienza a serle adversa, sin llegar a comprender el porqué. Por tal motivo, acudirá a diversas instituciones que conforman el sistema social, para revertir la causa de sus padecimientos. El grotesco, la caricatura, el humor en la interpretación de Nacho Albani se manifiestan en ajustadísimos matices y registros que él va administrando a lo largo de la pieza, actuación plagada de momentos desopilantes, logrando desde una inocencia muy bien trabajada una estupenda interpretación del personaje que da nombre a la pieza.

Pepino, es con quien Mokinpott comparte su incertidumbre, su confusión. Así llegan a consultar a la ciencia y al gobierno buscando explicaciones, y por último al Dios supremo, Pablo Algañaraz se luce contrapesando la escena siempre con gracia, dándose lujos y realizando trucos, sus recursos son sorprendentes y está en estilo aún cuando notoriamente improvisa, saliendo airoso del riesgo siempre; su interacción y metalenguaje con el público quiebra todo límite de realidad y ficción y lo que debiera ser un defecto es algo maravillosamente implementado.

Dentro de esta sátira a las Instituciones que resultan sordas, inamovibles, inconmovibles e injustas una de las características es que, salvo Mokinpott y Pepino, los demás actores interpretan entre cuatro y cinco roles. Las tres actrices y el actor que completan el elenco se multiplican y lo hacen con una libertad y una precisión que es estupenda, la unificación de códigos en estas actuaciones es digno de superlativos únicamente; Yanina Frankel será ángel, Poder legislativo, enfermera y esposa, en todos despliega una gama de posibilidades notables, pero sin duda la comedia física en la escena de la esposa es su punto más alto. Marina Barbera será Fiscal, ángel, doctor y poder judicial, en su interpretación del doctor y el poder judicial alcanza decibeles de increíble comicidad. Valeria Maldonado, será abogada, patrón, enfermera –junto con Frankel son una dupla explosiva como enfermeras- también poder ejecutivo y ángel, ella sacará punta a todas sus caracterizaciones, me quedo con la hilarante abogada. Completa este maravilloso elenco Agustín Soler que es el empleado, carcelero, amante y El Supremo, él se lucirá en todos los roles, pero es quizás en el empleado donde logra una épica conducta que sorprende y maravilla, el amante será víctima de la desbordada y sexual esposa, con El Supremo se luce en una construcción impecable, en fin, todos los actores encuentran en sus múltiples personajes distintas conductas que los destacan, y ejercen un adorable virtuosismo.
Siendo la última función de la temporada 2017, luego de ocho meses de representaciones, presenciamos los asistentes una tradición de las tablas, que es la de hacer bromas al compañero, o salirse del texto y marcaciones, muy disfrutables exabruptos y disrupciones, escenas como la del hospital o la del poder judicial se fueron, -para decirlo técnicamente- a la mierda, y me encantó… Estos poseídos son capaces de joder “en estilo”…

Mucho más que recomendada esta celebración antológica de la teatralidad, me corrijo: es obligatorio ver esta maravilla. ¡Gracias al elenco por romper ese escenario a puro talento!




Sinopsis de Prensa:

Un texto político de Weiss que propone situaciones ideales para el trabajo de Clowns y permite, con la lupa de la caricatura y el humor, contar las desventuras de un hombrecito común quien, a partir de un error, sucumbe ante la realidad hostil. Nada de lo construido a lo largo de su vida parece tener sentido. En compañía de un amigo casual y un ángel, iniciará el camino hacia la comprensión de sus desgracias, realizando una visita a las instituciones (Justicia-Matrimonio-Trabajo-Ciencia-República-Religión) con la intención de que respondan a sus inquietudes.



Ficha técnico-artística


Duración: 75 minutos
Clasificaciones: Teatro, Adultos




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