miércoles, 27 de agosto de 2014

Antonio Leiva y el biodrama

Recuerdos 
del 
huérfano feliz 







Escribe:
Alejandro Miroli




Un unipersonal con un apuntador en escena que corrige y remienda –sin que cambie la ecuación de uno que actúa– donde Antonio Leiva narra sus recuerdos de un niño que creció en los años fundacionales del peronismo. El niño vestido de vasco lechero, en una foto proyectada que le permite dialogar con su pasado, cuando narra el viaje junto su madre, hacia el entierro de Eva Duarte de Perón, cuando presenta en su familia el encuentro de opiniones que cubrió a toda la Argentina desde esa época.


La memoria es la menor facultad de conocimiento y su construcción supone un inmenso trabajo –documentario, historiográfico, jurídico (como la Argentina lo tiene harto conocido en su reencuentro con su pasado)–. Cuando se la ejerce en solitario, en el acto de creación la memoria selecciona, ensarta un hecho con otro según una lógica propia.

Quien ha expuesto de manera notable esta fragilidad de la memoria fue el notable escritor Guillermo Enrique Hudson, en las primeras palabras de su clásico Allá lejos y hace tiempo nos dice:

Pues cuando una persona se propone recordar su niñez en su totalidad, se encuentra con que le resulta imposible hacerlo. Le pasa como a quien, habiendo subido a una colina para contemplar el panorama, en un día de espesas nubes y sombras, apenas alcanza a divisar alguna que otra silueta en la distancia. Aparece entonces una colina, un bosquecillo, una torre, la aguja de una iglesia, formas todas reconocidas merced a la caricia de un pasajero rayo de sol, mientras lo demás permanece en la penumbra. De la misma manera, las escenas, personas o sucesos que mediante un gran esfuerzo logramos evocar, no se presentan metódicamente. No hay orden, ilación ni progresión regular -nada en realidad más que manchas o parches brillantemente iluminados, percibidos clara pero pasajeramente en medio de un vasto y oscuro paisaje mental-.

De ese modo la memoria actuada del niño que fue –que tiñe de nostalgia y de reparación al pasado vivido–, los recuerdos de su casa, de su padre y de su madre, como seres tan disimiles y queribles, es como esa mirada que une fragmentos, sin un orden ni ilación propia en la manera que nos presenta Hudson. Por eso sólo nos permiten entrar en un tiempo de un modo lateral, como asomándonos al pasado desde ese niño.



Tal vez sea ésta la función básica de estos biodramas: usar la propia vida, el pasado memorado en fragmentos armados desde el presente como ventana a una época, desde un escorzo que no es habitual en los textos históricos y de las ciencias sociales, y en ese sentido los recuerdos de Antonio Leiva son eficaces.


Al mismo tiempo, esta lateralidad de la memoria construida opera como un bálsamo, como una protección en ese acceso al pasado conflictivo. Llegamos a ese pasado, desde la mirada inocente de un niño que nos habla de su mamá, de su familia, con humor, todo presidido por una introducción en la que explora con un tono irónico el rol de la madre.

Ficha técnico-artística

Un espectáculo de Antonio Leiva
Presentador: Juan Carlos Uccello
Músico en escena: Leandro Soldano
Diseño de Vestuario: Ana Rocchi
Duración: 60 minutos

TEATRO EMPIRE
Hipólito Yrigoyen 1934
Capital Federal - Argentina
Teléfonos: 4953-8254
Web: http://www.teatroempire.blogspot.com
Entrada: $ 80,00 - Lunes - 21:00 hs
Del 04/08/2014 al 29/09/2014  




2 comentarios:

  1. Lo vi .Muy bueno . Para los melancolicos es un viaje al pasado de la mano de Antonio con una sonrisa siempre a flor de piel . LO RECOMIENDO .-

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