sábado, 31 de mayo de 2014

Tras los pasos de Eurípides

Mujeres
de la guerra,
una adaptación de
Diego Villalba



Escribe:
Alvarez Castillo


¡Mísera Troya: por una mujer,
por odiosas nupcias murieron innumerables guerreros!
Coro, Las Troyanas; Eurípides

Las penurias continúan tras el cese de la guerra; los vencidos se convierten en seres degradados, más allá del poder que detentaron en el viejo orden. Mujeres sorteadas a distintos dueños, entre los jefes aqueos, lidian ante un destino que supera, por absoluto, su voluntad.
Éste es el escenario. Esto es “Las troyanas”, una de las obras que componían la tetralogía presentada por Eurípides en las Olimpiadas del año 415 a. C., y “Mujeres de la guerra” es la adaptación que se ciñe a lo esencial de esa antigua pieza de arte, rescatándola en una recreación respetuosa de las formas y el sentido del texto.


Diego Villalba lo primero –o lo último, tal vez– que debió pensar fue el título, para distinguirse de la obra madre. Y halló este nombre que alude explícitamente al rol de las mujeres, viudas o no, desprotegidas, tras la derrota de los guerreros troyanos y frigios.

No aparece en esta adaptación el diálogo inicial entre los dioses griegos. Y algunos la presencia de Helena, solicitando a Menelao mejor suerte, se expresa en una danza cargada de erotismo. También el coro es suplido, de alguna manera, por la danza; que tampoco era ajena en el teatro griego, a igual que la música.


No sólo se habla de la hybris en esta pieza, sino de la lujuria: Afrosine, una degradación sin dudas del sentido que tiene para el alma griega Afrodita. En palabras de Hécuba esta lujuria es la que incitó en Helena su fuga junto a Paris, abandonando a Menelao, acto que da origen a la guerra y destrucción de Troya en manos de los griegos. Aun cuando vale recordar los versos iniciales de la Ilíada, que hablan de la Mésis de Aquiles, el héroe máximo del campamento aqueo:

“La cólera canta, oh diosa, del Pelida Aquiles,
Maldita, que causó a los aqueos incontables dolores,
precipitó al Hades muchas valientes vidas
de héroes y a ellos mismos los hizo presas para los perros
y para todas las aves –y así se cumplía el plan de Zeus–,
desde que por primera vez se separaron tras haber reñido
el Atrida, soberano de hombres, y Aquiles, de la casta de Zeus.”

La obra concluye con el incendio y derrumbe final de Troya, por orden de los vencedores que buscan devastar todo rastro y memoria de la antigua, hermosa y orgullosa Troya. Y ese desastre absoluto trastorna por entero el cosmos griego. Eso es Eurípides, el último de los grandes trágicos. 


En “Las troyanas” se da el inicio de los infortunios que padecerán los griegos, luego de diez años de lucha, en su regreso a la patria. La causa está en la afrenta que siente Atenea, al ser arrebata Casandra del templo consagrada a ella, abrazada a una estatua. El ultraje de Ayax es para Atenea un insulto a su divinidad; así delibera ante Poseidón sobre el castigo que perpetrará, debido a este acto, hacia los que antes había favorecido. “La Odisea” es el mayor símbolo literario de la expiación a la que serán sometidos los vencedores. Y aquí se da inicio a esa serie de males que seguirán a los vencedores por años.


Las palabras de Poseidón, ante el pedido de Atenea, diosa epónima de Atenas, da luz sobre esto: Necio es cualquier mortal que conquista una ciudad y abandona sus templos y sepulcros, sagrado asilo de los muertos. Inevitable es su ruina.”

Eurípides pone en Hécuba una reflexión sobre Zeus, una comprensión que va más allá de ese presente; reflexión revolucionaria para la época. Hécuba declara que Zeus “conduce todo lo mortal conforme a la justicia por caminos silenciosos”. 


La coreografía expresa correctamente la sexualidad y el frenesí femenino, ante un destino al que ninguna voluntad puede torcer. Y ahí es donde cobra mayor sentido que la danza tome el lugar de esa otra voz, el coro; propia de la tragedia griega, que en tiempos de Eurípides asumían las voces de las troyanas cautivas.


Se destaca la actriz y bailarina Cintia Trobbiani, en la compleja e inquietante interpretación de Casandra. Sus dotes dramáticos y su técnica en la danza, son un punto alto de esta puesta.  Casandra, la adivina que tenía por signo que sus pronósticos nunca fueran atendidos –recordemos que Apolo, desairado, luego de darle el don de la profecía, escupe su boca– pide esa actuación, donde la energía del personaje linda con la locura, ante los ojos de los otros. 


De boca de Taltibio, Hécuba se entera de que su hija, Casandra, será entrega a Agamenón –pedida por el regio comandante– para ser su amante en secreto. Sin que se respetara que es virgen de Febo, Sacerdotisa de Apolo. Tengamos en cuenta que la misma Hécuba debe servir como esclava a Ulises, a quien llama “hombre abominadle y pérfido”. Esta situación hace que Casandra planee, luego de sus bodas con Agamenón, asesinarlo, y de ese modo cobrarse venganza por la muerte de su padre y sus hermanos. La idea de esa misión le otorga un frenesí que la distingue del resto de las mujeres. Esto está muy bien expresado en la obra y en la puesta de Villalba. 

Casandra, en una lectura distinta a la que puede hacer Andrómaca o Hécuba sobre los funestos acontecimientos que las embargan, declara que: El hombre prudente debe evitar la guerra; pero si se llega a ese extremo, es glorioso morir sin vacilar por el destino de su patria, e infame la cobardía. Así, madre, no deplores la ruina de Troya, ni tampoco mis bodas, que perderán a los que ambas detestamos.”
Y más adelante insiste: “Adiós madre mía, no llores; ¡oh, querida patria, y vosotros hermanos que guarda la tierra, hijos todos de un mismo padre!: pronto me veréis llegar vencedora a la mansión de los muertos, después de devastar el palacio de los autores de nuestra ruina.”


En “Las troyanas” se ventila la suerte de Hécuba, Andrómaca, Polixena y Casandra, además de Astianacte, el hijo de Héctor y Andrómaca. Y Eurípides hace decir a Hécuba, ante el cadáver del niño, una consideración de constante actualidad: “Ahora que la ciudad ha sido tomada y destruidos los frigios, tenéis miedo de un niño pequeño. No alabo el miedo de quien teme reflexionar.”


Esta obra de Eurípides –en donde el último de los grandes trágicos intenta interpretar y ponerse en el lugar de los vencidos– es transgresora de por sí en más de un sentido. Eurípides no duda en ubicar el discurso en la mujer, heredera en este caso de la derrota del guerrero amado.

Las creaciones de Eurípides son propias de una época de crisis, tanto en las ideas, como en los valores de la sociedad griega, sumado esto a las guerras fratricidas y al escepticismo que iba ganando terreno entre los intelectuales. Se ha observado que su personalidad era al menos extraña, “Algunas fuentes afirman que vivía solo en una cueva junto al mar.”


De los tres grandes trágicos a él se lo considera como el más cercano a nosotros. Clifton Fadiman declara: “Eurípides sintió, como nosotros, la incertidumbre de todos los valores morales y religiosos. En la parte final de su carrera, contemporánea de la suicida guerra del Peloponeso, vivió asimismo en un período de crisis marcado por el miedo, el pesimismo y la confusión política.” Y agrega que en “Las troyanas despoja a la guerra de su gloria.”

En “Señoras de la guerra” comprobamos que la riqueza del genio de Eurípides –según Aristóteles el “más trágico de los poetas” – continúa vivo.







Sinopsis Gacetilla de Prensa:

"Hécuba, Casandra, Andrómaca y Helena son las heroínas de Señoras de la Guerra, una adaptación de la tragedia de Eurípides: Las Troyanas. De la mano del implacable Taltibio y el vengativo rey  Menelao, las que una vez fueron veneradas conocerán, una a una, sus infortunados destinos. Una de las guerras más épicas de la historia desenmascara el más crudo de sus rostros, mientras vencedores y vencidos se funden en una misma danza de destrucción y muerte."


Ficha Técnica - Artística: 


Elenco:
Hécuba - Silvia Bek
Taltibio -  Ariel Cortina
Casandra - Cintia Trobbiani
Andrómaca - Julieta Bergunker
Helena - Beatriz Zulic
Menelao - Diego Villalba

Coreografía: Aldana Tesone
Co-Dirección: Luciano Torres
Vestuario, Maquillaje y Estética: Miguel Morán
Diseño de Máscaras: Susana Zilbervarg
Gráfica y Visuales: Sean Mac Allister
Fotografía. Tatiana Margulis
Back Stage: Fernanda Castañares
Puesta en Escena: Luciano Torres – Diego Villalba
Sala de Ensayo: Espacio Artilugio Casa de Arte
Prensa y difusión: Laura Castillo
Dirección General: Diego Villalba  

Acreditaciones, entrevistas y más info:
Lic María Laura Castillo
15.6837.7711
prensa@castillomarques.com.ar

Los días jueves:  21 hs. 
Teatro La Mueca
José Antonio Cabrera 4255
Reservas : 4867-2155

Entrada: $100.-

1 comentario:

  1. Kyyyyaaaaaaa!!! Cintia Trobbiani es mi mamá *.* Es la mejor, y pobrecita, ella daba lo mejor de ella en la obra, y cuando volvia, se sentaba con las piernas adoloridas y llenas de moretones, debido a la brusca coreografía que se le asignó... Sinceramente, una genia total

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